6 maratones (por @oscarac07)


Hace tres semanas corrí el maratón de NY con una panda de gente increíble. Fue una experiencia tan estimulante que pensé hasta escribir un post donde reflejar todo lo que había vivido y sentido; pero con el paso de las semanas, otra idea se fue abriendo paso en mi cabeza. Llevas ya 6 maratones, ¿cómo es posible que tú, que nunca habías corrido en tu vida, tengas esas 6 medallas en casa? ¿Tengas esa rutina, ya convertida en hábito, de correr dos maratones al año? Y así fue como en uno de los tiempos muertos (muchos) que te pasas en un avión, la idea fue forjándose en mi cabeza.

Soy un corredor tardío. La naturaleza, que en otras cosas ha sido tan esquiva, me ha concedido una constitución delgada, y así sigo estancado en mis 65 kgs de gloria desde hace muchos años. El dilema se presentó cuando la distribución de esa materia empezó a no ser, digamos, homogénea en las formas. Eso y el encontrarme resoplando subiendo las escaleras del metro motivó que empezara a correr hace 4 años. Las ventajas son evidentes. Es fácil, puedes hacerlo cuando quieras y no dependes de nadie para practicar. Mi primera carrera no pudo ser más popular. La San Silvestre Vallecana de 2011, donde hice unos primorosos 65’ muriendo literalmente en la subida de la cuesta de Vallecas. De ahí, pase a la media de Madrid 2012 y de manera natural, el primer maratón en Donosti 2012.

6maratones-nyVivimos en el mundo de la imagen y perdemos la perspectiva de las cosas. El gran valor que tiene un maratón es la exigencia física y mental de la preparación, ya sea de manera organizada (plan de entrenamiento) ya sea de manera caótica y por sensaciones. Pero hay que prepararlo porque si fuera algo fácil, no sería tan mágico. En mi caso, prefiero confiar en un plan de entrenamiento y eso significa tener organizadas entre 12 y 16 semanas de tu vida desgranadas en 4-6 días por semana donde fijas ritmos, descansos, pruebas, esfuerzos y relajaciones. Es cierto que puedes no estructurarlo (tengo amigos que lo hacen con excelentes resultados) pero en mi caso, esa disciplina me ayuda a colocar mis pensamientos mientras corro sin perder el tiempo pensando qué tengo que hacer; o medir las mejoras semana a semana notando como mi cuerpo va asimilando poco a poco, el esfuerzo realizado. Para mí es una rutina que da algo de sentido al caos en el que por otro lado vivimos cada día y por eso la acepto y casi la persigo. Porque, paradójicamente, cuanto más esfuerzo realizo, cuando salgo con un frío que pela embozado hasta las orejas, cuando llego empapado después de haber soportado una lluvia torrencial sobre mi cabeza, es cuando más feliz me siento, cuando mi cabeza está más lúcida, cuando más claro veo todo, cuando la sonrisa de la cara sale realmente del corazón.
Y es cierto que sólo por experimentar estas sensaciones, ya sería suficiente para correr regularmente con lo cual, la pregunta vuelve a surgir. ¿Y por qué recorrer los 42.195 metros?

Un maratón es duro, no os engañéis. En todos los maratones que he corrido, he sentido dolor. En todos me he planteado los motivos para estar castigando mis piernas hasta límites insospechados soportando calor, molestias o directamente calambres. Siento que esto vaya en contra del postureo habitual (del que soy ferviente seguidor) pero la realidad es esa. Y sin embargo en TODOS los maratones he aprendido algo y me han servido para conocerme mejor. Porque el maratón te muestra de qué pasta estás hecho. El maratón se apodera de tus sueños antes de correrlo, te excita en el momento de empezarlo, te seduce mientras sigues la línea de color en el asfalto, y te espera, pausadamente, con el espejo en la mano, para mostrarte quien eres realmente. Porque hay tantos maratones como momentos en la vida y ese para mí, es el verdadero milagro del maratón. Dicen que el mundo no es uno sino millones en función de cómo se traduce la percepción que cada uno nos hacemos de lo que vemos y sentimos, en nuestro interior. Y eso es el maratón. Hay miles de historias y experiencias únicas detrás de cada persona que lo corre. Hay miles de sensaciones mezcladas y superpuestas en uno mismo dentro del propio maratón y ese descubrimiento de sensaciones, valores y pensamientos que apenas atisbas en un día cualquiera, afloran a borbotones, de una manera exponencial, inundando todo lo que piensas que eres y mostrándote la realidad que se esconde dentro de ti.

Os tengo que confesar una cosa, siempre lloro cuando acabo el maratón. Según voy acercándome a la línea de meta, todos esos sentimientos van saliendo, los meses de entrenamiento, el orgullo de haberlo acabado, el volver a demostrarme que soy capaz de sobreponerme a las dificultades, de luchar por lo que quiero. Es un resumen de lo vivido en las horas anteriores, y en los meses pasados. Es como cerrar un capítulo vital y empezar a escribir el siguiente sabiendo que tú no eres el mismo, que el maratón te ha enseñado un poco más de ti.

6maratones-medallas

Por eso, desde el momento en que me derrumbé en la calle con la medalla en las manos, las manos en la cara y las piernas destrozadas después de haberlas castigado durante 4 horas y media aquel día frio y lluvioso de noviembre en Donosti, supe que mientras el cuerpo me lo permita y haya caminos por delante, seguiré enfundándome las zapatillas para recorrer esta locura maravillosa que nos ha tocado vivir.

@oscarac07

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