Mi maratón de Sevilla (por @ChemaM)


Siempre he dicho que dejaré de correr el día que acabe una carrera sin una nueva sensación. El día que esa carrera sea una más, el día que cruzar una meta no signifique nada nuevo. ¿Veis la ironía verdad? Los que os habéis puesto un dorsal en alguna ocasión sabéis que eso no va a pasar nunca. Ninguna carrera se parece a la anterior. Ninguna meta es igual que otra, aunque estén en el mismo sitio.

La primera meta que crucé en un maratón fue hace bien poco. El 14 de abril de 2013 en Rotterdam. Acabar tu primer maratón es lo mejor que le puede pasar a un corredor popular. El día que dejas de ser uno más para convertirte en un superhéroe. La primera vez que eres capaz de llegar tan lejos es inolvidable. Pero acabar tu primer maratón con los Drinking Runners… Ay amigo, eso tampoco es fácil de olvidar. Como no olvidaré nunca el saludo de Pablo y Luis en A tu Ritmo el día después de convertirme en maratoniano. A mí, que sólo soy un par de piernas más en esto del running, me estaban felicitando ¡por la radio! el día que acabé mi primer maratón. Este es el verdadero secreto de los Drinking Runners. Que te hacen sentir diferente, cada uno de nosotros es una parte tan importante como las demás. Y eso explica por qué gente que está tan lejos se une al proyecto con una devoción que me parece casi inexplicable. Si no fuera porque ya los conozco.

Para mí, el Maratón de Sevilla empezó mucho antes del 23 de febrero. Yo, que me había propuesto esperar dos años después del anterior por lo mal que lo había pasado con los entrenamientos y mis castigadas rodillas, no me lo pensé ni un segundo. El maratón de Sevilla empezó el día del MAPOMA 2013, cuando acompañé unos kilómetros a Pablo, Barrantes, Pintos… Si sólo unos kilómetros han sido tan divertidos, pensé, qué será acompañarles toda la carrera. O todo el fin de semana. Cuando me enteré de lo de Sevilla la decisión fue muy fácil.

MaratonSevillaChemaEntrenoPero había que ponerse a entrenar. La vez anterior una lesión en la cintilla me impidió entrenar el maratón correctamente, lo que significó sufrir más de la cuenta (¿acaso pensaba acabar un maratón sin sufrir?). Así qué esta vez había que tomárselo con cautela. Por suerte cuento con el apoyo de los misters de Running Company (especialmente José Ángel que ha sido mi voz de la conciencia este tiempo), y un plan de estrenos con un único objetivo: sufrir lo menos posible. A medida que avanzaban los estrenos, iban cayendo las quedadas, los eventos, los programas de radio, el buen rollo… Todo lo que tocan los Drinking se acaba convirtiendo en mágico. Allá por noviembre los kilos se contaban por miles y el proyecto avanzaba a grandes pasos. Y en diciembre me di cuenta de una cosa. Estaba disfrutando como un niño todo el proceso. Casi ni pensaba en la carrera, cada vez que me ponía las zapatillas era para disfrutar. Y de la lesión en la cintilla… Ni rastro.

Así qué casi sin darme cuenta estaba enfundado en la amarilla y a punto de tomar la salida. Objetivo: disfrutar. Con una marca un segundo inferior a 3h51′ me daba por satisfecho, pero todos me decían que estaba para hacer mucho menos. Yo en el fondo lo sabía, pero me decía a mí mismo que ni de coña iba a intentar un 3h40′. Quería salir a 5’15”-5’20” el km y ver qué pasaba a partir de la media. Para este ritmo había encontrado el aliado perfecto. El gran Javier Ullé me juraba que iba a ir a ese ritmo, aunque yo ya veía venir que puede que tirásemos un poco de más… No hay más que verle entrenar para saber que estaba más fuerte que eso.

Vamos un poco para atrás. El fin de semana fue una gran experiencia de compañerismo con todo el equipo. En especial con mis dos socios de la “Habitación del Pánico”: Roncero y Robledo. El día antes, entre piques de ver quién petaba o quien bajaba marca, hicimos una apuesta. Teníamos que hacer una primitiva con los minutos de paso previstos de la media y de meta para cada uno. En mi caso, decidí hacerme el valiente. 1h47” para la media y 3h35’ para la meta. Creo que esto fue producto de la Cruzcampo, pero como quiera que Roncero había previsto pasar la media en una hora y 35 minutos, no podía repetir número para la loto. Así que, tras “recomendación” (no hay huevos, dijeron), dije que acabaría el maratón en 3h34’.

“No hay huevos”. Lo que no hay son fuerzas. O eso pienso yo. Antes de una carrera todos somos muy cautos. Yo no pensaba más que en empezar, en correr cómodo, y en disfrutar lo más que pudiera. Tras el círculo de motivación inicial, uno de los momentos más emotivos del día, los abrazos con el equipo para desearnos ánimos. Esto sí que te pone las pilas. Un montón de amigos, mirándonos a la cara, y fundiéndonos en un abrazo sincero, motivador. Buah, empiezas la carrera como una moto. Tras el pistoletazo de salida, todo empieza como estaba previsto. Bueno, casi. Javi y yo salimos marcando un estricto ritmo de 5’10”, aunque pronto empieza a convertirse en 5’00”-5’05”. El “efecto dorsal” se empieza a notar, y en estos primeros kms los dos nos vamos dando consignas para guardar fuerzas para el final. No ubicamos bien a los demás, pero vemos que delante tenemos a Rai y a Álamo que van muy decididos detrás del globo de 3h30”, pero no les damos caza, nos mantenemos a una distancia prudencial. En el 10 parada para repostaje inverso (hacer un pis, para quien no entienda la figura retórica), donde nos encontramos a un mexicano de nombre Mario que ha tenido la misma idea o la misma urgencia. Retomamos el paso con alegría, pues hay que recuperar el tiempo perdido.

El sol va comenzando a asomar, pero no lo suficiente como para convertir en mala la idea de correr con la camiseta deMaratonSevillaChemaCarrera compresión debajo de la amarilla. Aquí el público nos va llevando, no hacemos más que ver gente conocida por el recorrido. Banderas de los Drinking, carteles de Running Company, compañeros de entreno que han venido a animar… No sé cómo serán los últimos kilómetros, pero yo estoy disfrutando como nunca. Como quería. Bien, vamos bien. En el 15 sacamos el “bocata”. O sea, el Energy Boost, para ir preparando el terreno. Con el gel y el ánimo de los sevillanos seguimos tirando para adelante, y poco después de pasar la media (clavando mi previsión de 1h47’) me empiezo a venir arriba y es cuando Javi me tiene que dar una bofetada oral para hacerme entrar en razón. Su tajante “No nos empecemos a comernos las p****s todavía” echó por tierra mi plan estratégico para el asalto al globo de 3h30’. Así que ahí seguimos. No sé en qué avituallamiento nos encontramos con Rai, y más adelante con Javi Álamo que comenzaba a remontar después de su brega con mr. Mazo. Nada grave, intentamos ir a la par, pero preferimos no tirar de él para no perjudicarle más.

Ya superando las dos horas de carrera seguimos frescos. El ritmo sigue siendo sabrosón, aunque ya cuesta hablar. La primera mitad hasta nos permitimos hasta hacer apuestas sobre la nacionalidad de otros participantes. Pero ahora ya toca apretar el riñón. Antes de entrar a Plaza España intentamos llevarnos a Diego, que está medio parado por culpa de un codazo que alguien le dio. Puede parecer poco como para pararse, pero a estas pulsaciones y con lo que llevamos encima, cualquier cosa que te saque de tu concentración es un mundo. Nos emplazamos para la llegada, sabemos que acabará tirando pues está fuerte. Y en esas la entrada a Plaza España. Momento memorable donde los haya. Y no podían faltar los profes de Running Company, y su “Misión”. Mister, la misión está casi conseguida. Aquí tengo que abroncar por primera vez a Javi, que se me está haciendo el remolón.

“¿Pero estamos tontos? ¿qué quieres, acabar un maratón sin sufrir!?” Es el bonito mantra que nos empezamos a repetir mientras comenzamos la parte más pintoresca del recorrido. Ullé sufre. Yo sufro. Pero me lo callo como un perro pensando que si me veía flojear nos íbamos al traste los dos. Y en esas, después de decirme “vamos más despacio que si no, no llego”, ¡se pone a tirar! Nos ponemos por momentos a menos de 5’/km. Ahí es cuando nos damos cuenta que vamos a llegar, que sólo hay que pasar 5-6 kms más de sufrimiento. Total, ná.

De los últimos 3kms lo único que recuerdo es el momento en que vi a lo lejos una camiseta de los Drinking que avanza caminando. “Es Roncero. Coño, Javi, que Roncero se ha parado”. Nos ponemos a su lado para intentar llevarle. Pero está en otro sitio. El asfalto le ha ganado una batalla pero no la guerra. Le adelantamos, pero sabemos que acabará, que si algo tiene nuestro “ultra” es una cabeza bien amueblada, y que cruzará la meta en breve.

Una curva más y entrada al estadio. Aquí subidón, cambiamos el mantra por “levanta la cabeza para la foto”. Acelerón final para cruzar la meta exactamente en el tiempo que había pronosticado. Impecable. Ya ni me acuerdo de lo que he sufrido y me viene a la cabeza mi chica. He corrido con la camiseta de Iron Man que me regaló y lo único que pienso es en hacerme una foto con su camiseta para tener ese recuerdo. Me ha acompañado toda la carrera, lo sentía. Luego me contó que había conseguido estar despierta toda la noche (desde México) para seguir mis tiempos de paso en la web y la retransmisión de la línea de meta. Hasta me vio cruzar la meta “al lado del alto pelón”. ¡Sí, éramos nosotros! Veo a Ullé detrás de mí y nos damos un abrazo. “Carrerón, Javi!!” es todo lo que alcanzo a decirle. Estoy muy emocionado. Emoción que aumenta al ver a Barrantes con la cara de satisfacción extrema que tenía. No recuerdo qué le dije, ni siquiera le vi adelantarme. Me habría quedado en la meta para ver a todos entrar, esas caras de satisfacción no tienen precio. Pero había que recuperar fuerzas, y seguir andando. La parte más difícil del recorrido, atravesar los bajos del estadio de La Cartuja, con las piernas doloridas, los ojos vidriosos y las reservas al límite. Nos cruzamos con más compañeros que han acabado, satisfechos, pues casi todos han hecho marca. Pero es mi momento, no me puedo parar. Necesito seguir caminando y se me viene toda la emoción encima. Lloro, aunque como nadie me ve es como si no hubiera pasado. Y La Cartuja se convierte en la primera meta de maratón que cruzo. La misma emoción, otra vez. El resto, historia de las buenas.

No sé cuál será la próxima meta, pero hoy tengo más ganas que nunca de seguir corriendo. Gracias a todos los que lo habéis hecho posible. Gracias Sevilla.

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